2 de octubre no se olvida

Joel Avendaño
México D.F.
Todo inició con una bronca estudiantil entre dos preparatorias, donde la policía de la ciudad de  México repelió esta bronca, golpeando a estudiantes y deteniendo a otros tantos, esta fue la gota que derramó el vaso en el mes de junio de 1968 en la capital del país.

De ahí vino el descontento social, por un gobierno que hacía todo por dar la mejor imagen al exterior, por las próximas olimpiadas que se celebrarían en México, pero al interior del país la represión a obreros, estudiantes y campesinos era la forma de actuar de un gobierno totalitario en manos del PRI.

El descontento social se venía acumulando, luego de las represiones a las preparatorias se sumó la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM, el Instituto Politécnico Nacional IPN, para conformar el Comité Nacional de Huelga, parando todas las actividades en UNAM el IPN y las preparatorias incorporadas a estas casas de estudio. Tomando la ciudad universitaria como campamento para desde ahí organizar las protestas por la represión sufrida.

A medida que avanzaban las protestas aumentaba la represión y los presos políticos saturaban las cárceles de la capital del país, por lo que había que movilizarse para que el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz cediera a las peticiones de los estudiantes y maestros universitarios, quienes eran respaldados por el entonces rector de la máxima casa de estudios, la UNAM.

La tarde del 2 de octubre de 1968, el Consejo Nacional de Huelga había convocado a un mitin en la plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco para protestar por los desaparecidos y los presos políticos, por lo que miles de estudiantes, obreros, intelectuales y académicos se concentraron en la llamada plaza de las Tres Culturas.


Por su parte el gobierno de Díaz Ordaz, a través de sus secretario de gobernación, Luis Echeverría Álvarez ordenó al ejército y a los granaderos cercar la plaza de la Tres Culturas, para impedir que los manifestantes se desbordaran y tomaran las torres de la secretaría de Relaciones Exteriores que estaba ubicada por ese rumbo.

Luego del mitin que se realizó esta tarde, los lideres estudiantiles pidieron a los manifestantes no hacer ninguna movilización debido a la fuerte presencia de soldados y granaderos y retornar a los campamentos en completo orden, por lo que luego de entonar el Himno Nacional Mexicano, grupos de estudiantes pretendían abandonar la plaza de las Tres Culturas, lanzando consignas a favor de su movimiento como “No queremos olimpiadas, queremos revolución”, “Libertad a los presos políticos”.

Ya por la noche de ese día, en el cielo sobrevolaban helicópteros vigilando la movilización, de pronto vino la señal: luces de bengala iluminaron el cielo y esta fue la señal de la represión, nadie supo donde inició la balacera, unos aseguran que francotiradores estaban apostados sobre los edificios de la plaza de Tlatelolco y que los soldados repelieron la agresión, otros señalan que fue el ejercito que al recibir la señal de las luces de bengala dispararon contra los manifestantes matando a muchos inocentes, muchos estudiantes, cuyo único delito era soñar por un México más justo, más democrático, que diera atención primero a los problemas nacionales, antes de mandar la imagen del otro México al exterior a través de las olimpiadas.

El número de muertos no se sabe, unos dicen que fueron 15.000 proyectiles disparados (cifra oficial), 8.000 militares de varios cuerpos destacados en la acción, 300 medios armados entre tanques, medios blindados y jeeps con ametralladoras. Todo esto para reprimir una manifestación pacífica, por el viejo procedimiento de las provocaciones de los militares de paisanos infiltrados entre los manifestantes, a las que contestan los militares con uniforme. El resultado fue de no menos de 700 heridos, un número de muertos que oscila entre 150 y 300, algunos de los cuales probablemente fueron arrojados al océano desde aviones militares, 5.000 estudiantes detenidos, algunos de ellos sometidos a torturas y falsas fusilaciones y 300 de ellos permanecieron en la cárcel hasta la amnistía de 1971.

Esta es la reseña de un oscuro pasado del México autoritario gobernado por Gustavo Díaz Ordaz y por Luis Echeverría Álvarez como secretario de gobernación, los responsables de aquella matanza, programada al detalle con días de antelación, nunca han sido juzgados, a pesar de que en 1993 una Comisión de la Verdad investigó lo ocurrido, por lo que a los 43 años de estos sucesos aún se escucha el grito de “Dos de octubre no se olvida”.

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