Asesinato de del Comisariado Ejidal Tomás Varo
Crónica por Joel Avendaño
Sucedió en el año 1948 en el ejido de Chiltepec. En los primeros días del mes de abril de éste año, llegó a Chiltepec un forastero llamado Juan Benítez y de apodo “El Acapulco”, quien con el pretexto de traer un caballo para buscar contrincante, para las carreras que se realizaban cada año en estas épocas, por motivo de las fiestas populares; durante los días 27y 28 de abril.
Así este personaje de aspecto ranchero, anduvo en Chiltepec recorriendo todo el pueblo y reconociendo las rutas de entrada y salida, así como las veredas. Porque aunque Chiltepec ya tenía sus calles bien trazadas, los habitantes caminaban por veredas que comunicaban una calle con otra atravesando solares baldíos.
El ejido de Chiltepec se acababa de constituir; en 1945 recibió la dotación de tierras por las que por mucho tiempo se había luchado, por lo que este ejido era comunal, es decir aun no estaban delimitadas las parcelas y cada quien trabajaba en la parte que le gustaba. Por acuerdo de asamblea el predio Plan de Águila y el Zapotal, fueron utilizados para la cría y pastoreo de ganado, mismo que fue adquirido por todos los ejidatarios y su explotación era colectiva.
Siendo comisariado ejidal el joven Tomás Varo Bautista, le reportaban que por las noches se extraviaban animales de buena talla, los cuales eran buscados al otro día por los matorrales, faldas de cerro, y márgenes del arroyo, pero no se lograban encontrar, por lo que los ejidatarios se organizaron para vigilar los potreros y tratar de dar con los abigeos.
Así que fueron varias noches que duró este operativo sin tener grandes resultados, curiosamente cuando se montaba el operativo de vigilancia esa noche no ocurría ninguna baja de animales, cuando no se hacía era seguro que al otro día se reporta ganado desaparecido, por lo que el comisariado ejidal, haciendo uso de sus atribuciones, investigó hasta dar con el paradero de pieles de ganado con la marca del fierro marcador del ejido de Chiltepec.
Fue en la ciudad de Tuxtepec, unos carniceros tenían entre sus pieles, unas marcadas con fierro del ejido, por lo que de inmediato el Comisariado Ejidal interpuso su denuncia ante la autoridad correspondiente, el agente del ministerio público en la ciudad de Tuxtepec, prometió que investigarían el caso; respondiéndole más tarde que no podían fincar responsabilidades porque en aquel tiempo la fiebre aftosa estaba matando gran cantidad de animales y la gente recuperaba los cueros pero sin ningún control, y pidió al comisariado Tomás Varo que desistiera de su demanda y a cambio de esto le ofrecía una cantidad fuerte de dinero para terminar con el caso.
Tomás Varo siendo hombre honesto no aceptó esta propuesta y continuó en su intento por recuperar las reses, por lo que los involucrados en este abigeo, mandaron a Chiltepec a aquel sicario apodado “El Acapulco”, que llegó con la misión de silenciar al comisariado ejidal Tomás Varo Bautista, y así ocurrió. Fue precisamente el 20 de abril cuando se fraguó tan atroz acontecimiento.
“El Acapulco” llegó a casa del comisariado primeramente para preguntarle dónde podía soltar su caballo para que pastara, y pedía que el comisariado Tomas Varo lo acompañara, pero este no accedió, porque ese día precisamente se acababa de casar con Heriberta Juan López.
Por lo que el forastero fracasó en este intento; más tarde ya como a la 7 de la noche llegó nuevamente a la casa de Tomás Varo, para pedir que le regalara una taza de café, por lo que Tomás de manera ingenua salió para ofrecerle tal café, recibiéndolo el matón con un tiro en el pecho, donde cayó herido nuestro comisariado. “El Acapulco” cumplió con su misión, pero no contaba con que el pueblo se alertó con el disparo y de inmediato se aglomeró para ver lo que sucedía, el asesino en su intento por huir tomó la ruta equivocada y se perdió metiéndose en un matorral cerca del rió, hasta donde fue alcanzado por una multitud enardecida con ansias de vengar a su líder.
Un campesino de nombre José Bautista, fue el que lo localizó entre unos martinales, ¡aquí está! exclamó. Recibiendo de inmediato un balazo en sus partes nobles, pero para suerte de los demás la pistola se encasquillo y fue así como el pueblo se le fue encima, con palos, machetes y cuchillos, recibiendo disparos de arma de fuego, así fue como el pueblo de Chiltepec, vengó la muerte de su líder.
Por ello los ejidatarios recuerdan cada año esta traición con profundo respeto y rinden homenaje al mártir agrarista quien dio su vida por este ejido, desgraciadamente varios compañeros ejidatarios, se supo mas tarde, fueron cómplices de aquella traición, la historia los habrá de juzgar, a nosotros nos toca seguir el ejemplo de Tomás Varo, y defender nuestro ejido que es y será patrimonio de nuestros hijos.
En honor a este líder, el salón ejidal lleva su nombre y existe una estatua en el centro de la población, en memoria de Tomás Varo y de Emiliano zapata y cada año se le rinde un merecido homenaje.









